Turismo en Manaus |
Manaus, bastión de la exuberancia agreste y el urbanismo salvaje
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(Última actualización: Dec 21, 2011 )
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Convivir con tribus indígenas que cazan con arco y flecha en la mayor selva tropical del planeta, o sucumbir al mundano deleite del consumismo en la Zona Franca más importante de Sudamérica. Salir en busca de caimanes o adentrarse en la vertiginosa vida nocturna del "Paris de los Trópicos". Pescar pirañas al atardecer o asistir a un espectáculo de ópera en un suntuoso teatro en plena jungla. Todo es posible, aunque por momentos parezca imposible, en la exuberante y contradictoria Manaos, urbe reina del norte brasileño, capital del estado de Amazonas, en la cual el ecoturismo convive armoniosamente con el lujo de hoteles cinco estrellas.
Oasis de confort en la jungla
Ni en los sueños más disparatados uno podría pensarse regulando el aire acondicionado a su antojo en una lujosa suite construida sobre la copa de un árbol milenario, mientras que un cauteloso jaguar o una gigantesca Anaconda merodean el "jardín". Pues sí, los "Hoteles de Selva" existen, y si vas a Manaos, los tendrás al alcance de tu mano –y a cambio de una nutrida cuantía de dinero. Los hay de a decenas y con muy diversas modalidades. Obviamente, cuanto más alejados de la metrópolis más auténticamente salvaje será la estadía. Hay algunos ubicados en reservas ecológicas e incluyen en sus paquetes varios amenos e instructivos contactos con indígenas, -quienes capturan a los caimanes con las manos para después devolverlos intactos a su hábitat-, paseos por la jungla, observación de pájaros, pesca de pirañas, entre otras aventuras.
Para visitar Manaos –distante 2.850 kilómetros de Río de Janeiro-, y especialmente para realizar excursiones por la jungla, es recomendable vacunarse contra la Fiebre Amarilla y prevenirse de la Malaria mediante medicamentos o utilizando repelentes y ropa que cubra todo el cuerpo para evitar la picadura del mosquito que la trasmite. También se aconseja cargar con unos buenos frascos de filtro solar para sortear el fortísimo sol casi ecuatorial.
Navegar por donde las aguas se besan.
Cuando uno se toma el barco para ir al "Encuentro de las Aguas" ya escuchó ese nombre miles de veces, pero jamás pudo haber imaginado lo que iría a presenciar unos pocos kilómetros después. Al poco rato de deleitarse observando las casas multicolores de los nativos, apoyadas sobre palafito, y -con suerte- haber podido fotografiar los delfines que suelen rondar el lugar, Tuxuxi y Rosa, aparece como por arte de magia una línea perfecta formada por las aguas color café del río Solimoes y las aguas renegridas del Río Negro. Estos ríos corren paralelos y sin mezclarse dando lugar al nacimiento del Amazonas, el río más caudaloso del mundo, que serpentea veloz y bicolor en busca del océano Atlántico. Se puede aprovechar el paseo para visitar la Isla de los Monos, en la cual se rehabilitan primates víctimas del comercio clandestino y alguna aldea de nativos. Los paseos por el parque se realizan a través de pasarelas elevadas o canoas, dependiendo la época del año en la que se visite el lugar. Entre mayo y junio, por ejemplo, durante la época de mayores inundaciones, las canoas que se adentran en el parque navegan a la altura de las copas de los árboles.
La mayoría de las excursiones prosigue viaje tras el "beso de las aguas" hasta llegar al Parque Ecológico Janauary, una suerte de maqueta de la selva en la que se puede apreciar de cerca la fabulosa fauna y vegetación del lugar, e incluso comer en los singulares restaurantes flotantes que recorren el río. En ellos, como en la gran mayoría de los restaurantes de la región, se puede experimentar una enorme variedad de peces y frutos del mar, siendo la "estrella" el pirarucú, pescado que puede llegar a pesar lo mismo que media vaca y cuya carne tiene la misma firmeza, aunque un sabor delicioso y muy particular. También es de orden probar la enorme variedad de frutas tropicales y los riquísimos regionales hechos con vegetales autóctonos.
Otros paseos que pueden hacerse a lo largo del Río Negro incluyen una enorme variedad de cascadas, playas y parques ecológicos.
Urbe salvaje, selva de cristal
La portuaria y cosmopolita Manaos, rodeada de selva, mosquitos grandes como murciélagos y pájaros que trinan como bocinas de camión, ostenta todo los bueno y lo no tan bueno de las grandes ciudades del mundo. En su caos urbano se encuentran los mejores restaurantes del cono sur, que ofrecen delicias autóctonas y manjares internacionales; una muy variada oferta de espectáculos teatrales, musicales y artísticos en general; y una vida nocturna completa, sofisticada y para todos los gustos.
En el casco viejo de la ciudad, próximo al Puerto Flotante, se pueden visitar varios museos emplazados en ostentosas edificaciones de finales del siglo XIX, cuando Manaos vivió un demencial apogeo económico gracias a la industria del caucho. Allí se encuentra también la imponente y neoclásica Catedral, con sus altas torres campanario; y el Mercado Municipal, un imperdible cambalache exótico donde se pueden regatear frutas, carnes, vegetales y pescados amazónicos de nombres impronunciables y sabores deliciosos.
A sólo quince minutos de la ciudad está el Parque Municipal del Mindu, un área de interés ecológico de enorme variedad de flora y fauna autóctona en el que se pueden recorrer varios ecosistemas. El lugar constituye el hábitat del Sauim de Manaos, el monito mascota de la ciudad que corre peligro de extinción.
Comprar en la jungla
Tras el apogeo y muerte de la "fiebre del caucho" Manaos se sumió en un profundo letargo de varias décadas del que despertó cuando fue declarada puerto libre de impuestos, por lo que el consumo desenfrenado en sus decenas de centros comerciales es una actividad a la que ningún visitante resiste sucumbir. Gracias a la existencia del Polo Industrial, en el que se instalaron conocidas marcas y fábricas de todo tipo de artículos, es posible comprar a precios por demás convenientes, electrónicos, oro, lencería, video juegos, anteojos, relojes, alhajas y miles de artículos más. También existe una amplia oferta de medicinas y yuyos naturales, talismanes de la religión Umbanda y artesanías autóctonas para llevar como souvenir.
Uno de los lugares imperdibles, y que se encuentra dentro del perímetro urbano, es el Bosque de la Ciencia en el que se pueden ver lobos de río, que son como nutrias gigantes, vacas marinas, llamadas manatíes, edificios de abejas, yacarés, orquídeas y millares de exóticas especies de animales y plantas.
Para realizar los paseos por la ciudad no son muy recomendables los transportes colectivos, ya que pese a ser más baratos que los taxímetros, éstos pueden detenerse cuando uno lo desee y los otros no.
La ópera en la selva
Joya heredada de sus riquezas pasadas, el colosal Teatro Amazonas, o Casa de la Ópera, es un portento arquitectónico que corona la ciudad "Madre de los Dioses", según el origen indígena de su nombre. Con capacidad para 700 personas, este inapelable testigo del fugaz esplendor que vivió Manaos entre 1879 y 1912, cuando la "fiebre del caucho" la convirtió en una de las ciudades más prósperas del continente, el legendario edificio demoró una década en ser construido con los más nobles materiales traídos de Europa. Mármoles de Carrara, hierro de Inglaterra, vitreaux de Francia y bronce de Bélgica conforman la edificación cuya cúpula está hecha con millares de azulejos de cerámica que dibujan la bandera de Brasil.
Lluvias en invierno, sequía en verano, calor siempre
Si hay un artículo imprescindible para pasear por Manaos en cualquier época del año es el paraguas, ya que lluvias inesperadas, intensas y breves ocurren casi a diario, como llegando para refrescar la pesada humedad (de más del 80 por ciento) y el calor sofocante que obligan a una hidratación permanente. En Manaos se registran dos estaciones bien diferenciadas, ambas de elevadas temperaturas: el verano seco, que va de junio a noviembre y que registra temperaturas de hasta 38 grados, y el invierno lluvioso, que se extiende entre diciembre y mayo. La temperatura anual promedio es de 30 grados centígrados. Una buena época para visitar la región es el inicio del verano, ya que las lluvias ya han mermado y se pueden realizar excursiones vedadas durante la época de las inundaciones.
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